Conociendo
el
APOCALIPSIS
(IV)
Una
síntesis actualizada de lo mencionado en Sumario a
Lucifer
Por
Tavo Jiménez de
Armas
Si el lector retoma lo expuesto
respecto de la profecía de Daniel y la unción-muerte del príncipe
Rabin, recordará que nos situaba en el año judío 5756, o sea,
1995-1996, coincidiendo con el año asignado al capítulo
4?
CAPÍTULO
4- Año 1996.
Es posible que Juan quisiera de forma
premeditada que cada una de las divisiones que conforman el conjunto
de sus visiones proféticas, fuese identificada con su
correspondiente en el alfabeto hebreo. Veamos:
La palabra que define este año es
?Daleth?, la cuarta letra del alfabeto hebreo. Simboliza la
puerta; Juan la atraviesa. Nosotros vamos con él y ascendiendo
accedemos al mundo etéreo donde se producirá una representación en
la que el sol lo inunda todo.
Comienza el capítulo con la visión de
una puerta abierta en el cielo y más allá de ella escucha el
profeta una voz semejante a una trompeta que lo invita a subir, a
fin de mostrarle aquellas cosas que sucederán en un futuro. Juan
accede y, en espíritu, observa un Trono en el cielo y en él un Ser
está sentado
El lector debe advertir que esta visión y las
que le siguen ocurren en lo etéreo, el cielo, por lo que están
pendientes de tomar forma sólida, algo que empezará a ocurrir a
partir del episodio 9 (año 2001), que es cuando las cosas observadas
por Juan transcurren ya en la Tierra.
Prosigue el profeta y nos describe el
aspecto del Ser sentado en el Trono, alrededor del cual hay un arco
iris, símbolo de la alianza del cosmos con la Tierra de los
moradores del cielo, tal como se nos dice en Génesis
9,16.
Junto al Trono aparecen 24
ancianos vestidos de blanco sentados en sus respectivos tronos, y
portando otras 24 coronas de oro en sus testas. Se trata del perfecto
gobierno de Dios sobre la dimensión terrestre; formado por la
re-unión de los 12 masculinos y las 12 femeninas energías,
realidades espirituales. De ahí que se les muestre ancianos (signo
de sabiduría), con atuendos blancos (signo de pureza) y coronados
como signo de legítima soberanía y autoridad. Del Trono central
salen relámpagos, truenos y voces, que añaden majestad a la
presencia del regente, delante del cual hay 7 lámparas de fuego,
símbolo de los 7 Espíritus de Dios. Por derivación, estos espíritus
son los atributos que conforman la idiosincrasia de los moradores
del cielo, ya que el siete es el número de la plenitud.
Frente al Trono principal nos
encontramos con un mar de vidrio, alrededor del cual, y rodeando al
Trono, hallamos a 4 seres vivientes colmados de ojos por delante y
por detrás. Estos 4 seres vivientes son la manifestación de los 24
ancianos anteriores, y no están limitados por los parámetros
físicos, puesto que su visión es completa.
El primero de los seres vivientes es
parecido a un león; el segundo a un becerro; el
tercero se asemeja a un hombre, mientras que el cuarto es
semejante a un águila en vuelo. Esta descripción está tomada
del profeta Ezequiel. Cada uno de los seres sobresale con un
atributo, representado en los animales nobles; el león como el más
fuerte y rey de una creación (símbolo de fortaleza); el
becerro como el más noble, que ofrece trabajar la tierra y entregar
su materia como alimento (símbolo de nobleza); el hombre como
el más inteligente, el receptáculo donde habitan las condiciones
para hacer uso de la materia con nobleza y autoridad (símbolo de
sabiduría), y el águila como el animal de más elevados
vuelos, que expresa la esencia trascendental de toda creación
(símbolo de la trascendencia).
Esto 4 seres de sorprendente
apariencia tienen 6 alas cada uno (sumando un total de 24 alas que
nos confirma la semejanza con los 24 ancianos), y no cesaban de
alabar al Señor que está en el Trono central, ?el que era, el que
es, y el que ha de venir?, nos dice el visionario.
Estamos siendo testigos de un acto de
reconocimiento por parte de esos 4 seres hacia su Creador. Al tiempo
que ese acto de adoración se lleva a cabo, los 24 ancianos también
se postran ante el Ser del Trono, glorificándolo y echando las
coronas a sus pies en reconocimiento de su supremacía.
CAPÍTULO
5- Año 1997.
La palabra que define este año es
?Hei?, la quinta letra del alfabeto hebreo. Simboliza el
acercamiento a nuestro mundo desde el reino de lo etéreo, de un
regalo, de un enlace entre ambas realidades: Juan ve junto al gran
Trono un libro escrito por dentro y por fuera, cerrado con 7 sellos.
El modo en que está escrito el libro nos indica que éste tiene al
menos dos lecturas. Los sellos cerrarían la manifestación de
la verdadera naturaleza profética hasta nuestros días. El número 7
revela que se trata de un libro que abarca desde el principio hasta
el final, los siete días de la semana de la creación.
Un ángel pregona a grandes voces:
?¿Quién será digno de abrir el Libro y soltar sus sellos?? Nadie era
digno de hacerlo, por lo que Juan se lamenta. Esto manifiesta que
toda criatura terrestre está bajo el dominio de los Caídos, a
excepción de los que se unen al cosmos espiritual.
Pero uno de los ancianos le dice al
profeta: ?No llores, pues ha vencido el León de Judá, para abrir el
libro y soltar sus 7 sellos?. Y apareció en medio de todos un
Cordero que es el León de Judá, el Cristo.
En medio de Trono central y de los 4
seres vivientes y los 24 ancianos está el Cordero, que aparece
inmolado (muerte de Jesús) y con 7 cuernos y 7 ojos, los cuales
representan los 7 espíritus de Dios (y Diosa). Este Cristo-Cordero
toma el libro de la mano derecha del Ser Supremo que está en el
Trono, tras lo cual, los 4 seres vivientes y los 24 ancianos lo
reverencian. El Cordero ha recibido la autoridad del Ser Supremo, y
desatará los 7 sellos que guardan el libro. Los seres que adoran al
Cordero hacen sonar arpas y tienen copas de oro llenas de incienso,
que son las oraciones de los moradores del cielo, que ruegan
justicia. También entonan un cántico nuevo de agradecimiento y
reconocimiento, pues el Cordero les redimió para Dios-a, positivando
sus energías. A estos se le une la voz de millones y millones de
seres angélicos. También alaban al Ser Supremo del Trono.
CAPÍTULO
6- Año 1998.
La palabra que define este año es
?Vav?, la sexta letra del alfabeto hebreo. Simboliza la conexión;
veremos como el concilio celeste une sus propósitos con el destino
del mundo terrestre. Por tanto, este capítulo actuará como un pilar
que une ambos mundos, y nos invitará a contemplar un futuro
inminente.
El Cordero, ya revestido de toda
autoridad para ello, abrió el Primero de los Sellos del libro, a lo
que uno de los 4 seres vivientes invita a Juan a acercarse y
observar. Lo que se le muestra es un caballo blanco y sobre él un
ser con un arco al que se le entrega una corona. Juan dice de este
jinete que ?salió venciendo y para vencer?, lo que no es sino una
alusión al propio Cristo, que triunfó hace 2000 años y volverá a
triunfar en el tiempo de la justicia.
Así, el profeta nos está describiendo,
todavía desde lo etéreo, a la justicia venidera, representada
en el caballo blanco. La corona es imagen de soberanía, mientras el
arco refleja la justicia certera y precisa, en contraposición
de una acción indiscriminada que no distingue un objetivo, de un
?daño colateral?. Esta precisión será predominante en la acción
posterior de los otros tres jinetes que ahora nos
describirá.
El Cordero abrió el Segundo Sello y Juan escuchó del
segundo ser viviente la misma invitación del anterior. Y apareció un
segundo caballo, éste de color rojo bermejo, y al que lo montaba se
le había dado una gran espada con el poder de quitar la paz,
haciendo que los hombres se matasen entre sí. Este caballo bermejo
refleja a la muerte y destrucción de la guerra, y aunque sólo
está siendo descrito, cuando después se ponga en acción, dará a
entender que la muerte de unos a otros está auspiciada desde lo
alto.
Cuando el Tercer Sello fue abierto por el
Cordero apareció un tercer caballo, de color negro, montado por un
jinete que porta una balanza en su mano. Este caballo justiciero es
ejecutor complementario de los otros anteriores, puesto que a Juan
se le dice: ?Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de
cebada por un denario; pero el aceite y el vino, ni
tocarlos.?
En la balanza de la justicia se
colocan el ?trigo y la cebada?, pero no el ?aceite y el vino?. Los
dos cereales actúan como imágenes de lo que nace de la tierra. Son
imágenes de la terrenidad, frente al vino y el aceite que
representan lo laboriosamente manofacturado, lo que ha sido
trabajado, positivado, molido por las prensas de la trascendencia
hasta convertirse en elementos puros que reflejan la materia
transmutada por los moradores del cielo. Así, el aceite y el
vino, ni tocarlos, pues son sagrados.
Juan se dispone a ver la apertura del
Cuarto Sello, tras la cual
aparece un cuarto caballo, éste de color amarillo, y ?el ser que lo
montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía?. A este
jinete se le autorizó a matar con hambre, espada (entiéndase arma de
cualquier clase) y con las fieras de la tierra. Su potestad es sobre
la ?cuarta parte de la tierra?. ¼ parte de nuestro
planeta es tierra firme y los ¾ restantes son
mares.
En definitiva, los cuatro caballos son
una misma esencia en cuatro diferentes imágenes, en las que se ha
ido precisando y matizando su naturaleza y cometidos precisos. Así,
tenemos cuatro caballos que se corresponden con sus respectivos
sellos:
PRIMER SELLO = Caballo blanco y
caballero con arco que venció y volverá a vencer.
SEGUNDO SELLO = Caballo rojo que porta
un caballero con espada que anula la paz.
TERCER SELLO = Caballo negro al que
monta un caballero que lleva balanza donde pesa las obras de los
justos y de los anakim, anunciándole a estos últimos que serán
correspondidos en sus actos.
CUARTO SELLO = Caballo amarillo y
caballero que tiene por nombre Muerte.
Cuando se abrió el Quinto Sello, el profeta observó a
las almas de los (moradores del cielo) que, perteneciendo a Dios,
habían muerto y clamaban por la justicia celeste con estas palabras:
?¿Hasta cuándo, Señor, Santo y Verdadero, no juzgas y vengas nuestra
sangre en los que moran en la tierra??. A esos
moradores del cielo, hijos de Abel, se les dieron vestiduras
blancas, símbolo de pureza, y se les dijo que descansasen todavía un
poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus semejantes,
que también habían de ser muertos como ellos.
Se abre el Sexto Sello y hubo un gran terremoto,
se ennegreció el sol y se enrojeció la luna. El sol ennegrecido nos
evoca la acción del tercer caballo, el negro, el que portaba a un
jinete con una balanza de justicia. Por otro lado, la luna
enrojecida es una derivación del segundo caballo, el rojo, en cuya
montura había un ser con espada que hizo que los hombres se
enfrentasen y matasen entre sí. El recurso del terremoto es usado
para intensificar el efecto de fragilidad de una tierra que será
azotada por la justicia divina.
Sin embargo, conviene aclarar una vez
más que estamos presenciando anuncios no consumados durante el
tiempo en que son descritos, esto es, capítulo 6, año 1998; su
realización no se llevará a cabo hasta más adelante.
La secuencia descrita en este capítulo
se resume en: La soberanía del Señor del Trono en el Cordero,
Cristo, propicia la apertura de los Seis
Primeros Sellos, que son:
1)
Anuncio de la justicia.
2)
Anuncio de tiempos de guerra, como signo de la
justicia.
3)
Anuncio de que los efectos de la guerra afectarán
a los anakim (trigo y cebada).
4)
Anuncio de la llegada de los tiempos del
terror (Abbadón).
5)
Solicitud de paciencia a los no anakim hasta completada
la obra.
6)
Anuncio de la aplicación de la justicia sobre los
anakim y su materia y el final de ésta.
En la siguiente entrega llegaremos al
año 1999, capítulo 7 de Apocalipsis?
Una
síntesis actualizada de lo mencionado en Sumario a
Lucifer
Por
Tavo Jiménez de
Armas
Si el lector retoma lo expuesto
respecto de la profecía de Daniel y la unción-muerte del príncipe
Rabin, recordará que nos situaba en el año judío 5756, o sea,
1995-1996, coincidiendo con el año asignado al capítulo
4?
CAPÍTULO
4- Año 1996.
Es posible que Juan quisiera de forma
premeditada que cada una de las divisiones que conforman el conjunto
de sus visiones proféticas, fuese identificada con su
correspondiente en el alfabeto hebreo. Veamos:
La palabra que define este año es
?Daleth?, la cuarta letra del alfabeto hebreo. Simboliza la
puerta; Juan la atraviesa. Nosotros vamos con él y ascendiendo
accedemos al mundo etéreo donde se producirá una representación en
la que el sol lo inunda todo.
Comienza el capítulo con la visión de
una puerta abierta en el cielo y más allá de ella escucha el
profeta una voz semejante a una trompeta que lo invita a subir, a
fin de mostrarle aquellas cosas que sucederán en un futuro. Juan
accede y, en espíritu, observa un Trono en el cielo y en él un Ser
está sentado.
El lector debe advertir que esta visión y las
que le siguen ocurren en lo etéreo, el cielo, por lo que están
pendientes de tomar forma sólida, algo que empezará a ocurrir a
partir del episodio 9 (año 2001), que es cuando las cosas observadas
por Juan transcurren ya en la Tierra.
Prosigue el profeta y nos describe el
aspecto del Ser sentado en el Trono, alrededor del cual hay un arco
iris, símbolo de la alianza del cosmos con la Tierra de los
moradores del cielo, tal como se nos dice en Génesis
9,16.
Junto al Trono aparecen 24
ancianos vestidos de blanco sentados en sus respectivos tronos, y
portando otras 24 coronas de oro en sus testas. Se trata del perfecto
gobierno de Dios sobre la dimensión terrestre; formado por la
re-unión de los 12 masculinos y las 12 femeninas energías,
realidades espirituales. De ahí que se les muestre ancianos (signo
de sabiduría), con atuendos blancos (signo de pureza) y coronados
como signo de legítima soberanía y autoridad. Del Trono central
salen relámpagos, truenos y voces, que añaden majestad a la
presencia del regente, delante del cual hay 7 lámparas de fuego,
símbolo de los 7 Espíritus de Dios. Por derivación, estos espíritus
son los atributos que conforman la idiosincrasia de los moradores
del cielo, ya que el siete es el número de la plenitud.
Frente al Trono principal nos
encontramos con un mar de vidrio, alrededor del cual, y rodeando al
Trono, hallamos a 4 seres vivientes colmados de ojos por delante y
por detrás. Estos 4 seres vivientes son la manifestación de los 24
ancianos anteriores, y no están limitados por los parámetros
físicos, puesto que su visión es completa.
El primero de los seres vivientes es
parecido a un león; el segundo a un becerro; el
tercero se asemeja a un hombre, mientras que el cuarto es
semejante a un águila en vuelo. Esta descripción está tomada
del profeta Ezequiel. Cada uno de los seres sobresale con un
atributo, representado en los animales nobles; el león como el más
fuerte y rey de una creación (símbolo de fortaleza); el
becerro como el más noble, que ofrece trabajar la tierra y entregar
su materia como alimento (símbolo de nobleza); el hombre como
el más inteligente, el receptáculo donde habitan las condiciones
para hacer uso de la materia con nobleza y autoridad (símbolo de
sabiduría), y el águila como el animal de más elevados
vuelos, que expresa la esencia trascendental de toda creación
(símbolo de la trascendencia).
Esto 4 seres de sorprendente
apariencia tienen 6 alas cada uno (sumando un total de 24 alas que
nos confirma la semejanza con los 24 ancianos), y no cesaban de
alabar al Señor que está en el Trono central, ?el que era, el que
es, y el que ha de venir?, nos dice el visionario.
Estamos siendo testigos de un acto de
reconocimiento por parte de esos 4 seres hacia su Creador. Al tiempo
que ese acto de adoración se lleva a cabo, los 24 ancianos también
se postran ante el Ser del Trono, glorificándolo y echando las
coronas a sus pies en reconocimiento de su supremacía.
CAPÍTULO
5- Año 1997.
La palabra que define este año es
?Hei?, la quinta letra del alfabeto hebreo. Simboliza el
acercamiento a nuestro mundo desde el reino de lo etéreo, de un
regalo, de un enlace entre ambas realidades: Juan ve junto al gran
Trono un libro escrito por dentro y por fuera, cerrado con 7 sellos.
El modo en que está escrito el libro nos indica que éste tiene al
menos dos lecturas. Los sellos cerrarían la manifestación de
la verdadera naturaleza profética hasta nuestros días. El número 7
revela que se trata de un libro que abarca desde el principio hasta
el final, los siete días de la semana de la creación.
Un ángel pregona a grandes voces:
?¿Quién será digno de abrir el Libro y soltar sus sellos?? Nadie era
digno de hacerlo, por lo que Juan se lamenta. Esto manifiesta que
toda criatura terrestre está bajo el dominio de los Caídos, a
excepción de los que se unen al cosmos espiritual.
Pero uno de los ancianos le dice al
profeta: ?No llores, pues ha vencido el León de Judá, para abrir el
libro y soltar sus 7 sellos?. Y apareció en medio de todos un
Cordero que es el León de Judá, el Cristo.
En medio de Trono central y de los 4
seres vivientes y los 24 ancianos está el Cordero, que aparece
inmolado (muerte de Jesús) y con 7 cuernos y 7 ojos, los cuales
representan los 7 espíritus de Dios (y Diosa). Este Cristo-Cordero
toma el libro de la mano derecha del Ser Supremo que está en el
Trono, tras lo cual, los 4 seres vivientes y los 24 ancianos lo
reverencian. El Cordero ha recibido la autoridad del Ser Supremo, y
desatará los 7 sellos que guardan el libro. Los seres que adoran al
Cordero hacen sonar arpas y tienen copas de oro llenas de incienso,
que son las oraciones de los moradores del cielo, que ruegan
justicia. También entonan un cántico nuevo de agradecimiento y
reconocimiento, pues el Cordero les redimió para Dios-a, positivando
sus energías. A estos se le une la voz de millones y millones de
seres angélicos. También alaban al Ser Supremo del Trono.
CAPÍTULO
6- Año 1998.
La palabra que define este año es
?Vav?, la sexta letra del alfabeto hebreo. Simboliza la conexión;
veremos como el concilio celeste une sus propósitos con el destino
del mundo terrestre. Por tanto, este capítulo actuará como un pilar
que une ambos mundos, y nos invitará a contemplar un futuro
inminente.
El Cordero, ya revestido de toda
autoridad para ello, abrió el Primero de los Sellos del libro, a lo
que uno de los 4 seres vivientes invita a Juan a acercarse y
observar. Lo que se le muestra es un caballo blanco y sobre él un
ser con un arco al que se le entrega una corona. Juan dice de este
jinete que ?salió venciendo y para vencer?, lo que no es sino una
alusión al propio Cristo, que triunfó hace 2000 años y volverá a
triunfar en el tiempo de la justicia.
Así, el profeta nos está describiendo,
todavía desde lo etéreo, a la justicia venidera, representada
en el caballo blanco. La corona es imagen de soberanía, mientras el
arco refleja la justicia certera y precisa, en contraposición
de una acción indiscriminada que no distingue un objetivo, de un
?daño colateral?. Esta precisión será predominante en la acción
posterior de los otros tres jinetes que ahora nos
describirá.
El Cordero abrió el Segundo Sello y Juan escuchó del
segundo ser viviente la misma invitación del anterior. Y apareció un
segundo caballo, éste de color rojo bermejo, y al que lo montaba se
le había dado una gran espada con el poder de quitar la paz,
haciendo que los hombres se matasen entre sí. Este caballo bermejo
refleja a la muerte y destrucción de la guerra, y aunque sólo
está siendo descrito, cuando después se ponga en acción, dará a
entender que la muerte de unos a otros está auspiciada desde lo
alto.
Cuando el Tercer Sello fue abierto por el
Cordero apareció un tercer caballo, de color negro, montado por un
jinete que porta una balanza en su mano. Este caballo justiciero es
ejecutor complementario de los otros anteriores, puesto que a Juan
se le dice: ?Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de
cebada por un denario; pero el aceite y el vino, ni
tocarlos.?
En la balanza de la justicia se
colocan el ?trigo y la cebada?, pero no el ?aceite y el vino?. Los
dos cereales actúan como imágenes de lo que nace de la tierra. Son
imágenes de la terrenidad, frente al vino y el aceite que
representan lo laboriosamente manofacturado, lo que ha sido
trabajado, positivado, molido por las prensas de la trascendencia
hasta convertirse en elementos puros que reflejan la materia
transmutada por los moradores del cielo. Así, el aceite y el
vino, ni tocarlos, pues son sagrados.
Juan se dispone a ver la apertura del
Cuarto Sello, tras la cual
aparece un cuarto caballo, éste de color amarillo, y ?el ser que lo
montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía?. A este
jinete se le autorizó a matar con hambre, espada (entiéndase arma de
cualquier clase) y con las fieras de la tierra. Su potestad es sobre
la ?cuarta parte de la tierra?. ¼ parte de nuestro
planeta es tierra firme y los ¾ restantes son
mares.
En definitiva, los cuatro caballos son
una misma esencia en cuatro diferentes imágenes, en las que se ha
ido precisando y matizando su naturaleza y cometidos precisos. Así,
tenemos cuatro caballos que se corresponden con sus respectivos
sellos:
PRIMER SELLO = Caballo blanco y
caballero con arco que venció y volverá a vencer.
SEGUNDO SELLO = Caballo rojo que porta
un caballero con espada que anula la paz.
TERCER SELLO = Caballo negro al que
monta un caballero que lleva balanza donde pesa las obras de los
justos y de los anakim, anunciándole a estos últimos que serán
correspondidos en sus actos.
CUARTO SELLO = Caballo amarillo y
caballero que tiene por nombre Muerte.
Cuando se abrió el Quinto Sello, el profeta observó a
las almas de los (moradores del cielo) que, perteneciendo a Dios,
habían muerto y clamaban por la justicia celeste con estas palabras:
?¿Hasta cuándo, Señor, Santo y Verdadero, no juzgas y vengas nuestra
sangre en los que moran en la tierra??. A esos
moradores del cielo, hijos de Abel, se les dieron vestiduras
blancas, símbolo de pureza, y se les dijo que descansasen todavía un
poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus semejantes,
que también habían de ser muertos como ellos.
Se abre el Sexto Sello y hubo un gran terremoto,
se ennegreció el sol y se enrojeció la luna. El sol ennegrecido nos
evoca la acción del tercer caballo, el negro, el que portaba a un
jinete con una balanza de justicia. Por otro lado, la luna
enrojecida es una derivación del segundo caballo, el rojo, en cuya
montura había un ser con espada que hizo que los hombres se
enfrentasen y matasen entre sí. El recurso del terremoto es usado
para intensificar el efecto de fragilidad de una tierra que será
azotada por la justicia divina.
Sin embargo, conviene aclarar una vez
más que estamos presenciando anuncios no consumados durante el
tiempo en que son descritos, esto es, capítulo 6, año 1998; su
realización no se llevará a cabo hasta más adelante.
La secuencia descrita en este capítulo
se resume en: La soberanía del Señor del Trono en el Cordero,
Cristo, propicia la apertura de los Seis
Primeros Sellos, que son:
1)
Anuncio de la justicia.
2)
Anuncio de tiempos de guerra, como signo de la
justicia.
3)
Anuncio de que los efectos de la guerra afectarán
a los anakim (trigo y cebada).
4)
Anuncio de la llegada de los tiempos del
terror (Abbadón).
5)
Solicitud de paciencia a los no anakim hasta completada
la obra.
6)
Anuncio de la aplicación de la justicia sobre los
anakim y su materia y el final de ésta.
En la siguiente entrega llegaremos al
año 1999, capítulo 7 de
Apocalipsis?