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De: José N M <jnmensxxi2004@yahoo.es>
Título: 6 de Tavo Jiménez de Armas. Conociendo el APOCALIPSIS (IV)
Fecha: Wed, 22 Sep 2010 17:16:43 +0000 (GMT)
Para: ituci1 <ituci1@ituci.com>
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Conociendo

el

APOCALIPSIS

(IV)

 

 

 

   

 

Una síntesis actualizada de lo mencionado en Sumario a Lucifer

 

Por  

 

 Tavo Jiménez de Armas

 

Si el lector retoma lo expuesto respecto de la profecía de Daniel y la unción-muerte del príncipe Rabin, recordará que nos situaba en el año judío 5756, o sea, 1995-1996, coincidiendo con el año asignado al capítulo 4?

 

 

CAPÍTULO 4- Año 1996.

Es posible que Juan quisiera de forma premeditada que cada una de las divisiones que conforman el conjunto de sus visiones proféticas, fuese identificada con su correspondiente en el alfabeto hebreo. Veamos:

La palabra que define este año es ?Daleth?, la cuarta letra del alfabeto hebreo. Simboliza la puerta; Juan la atraviesa. Nosotros vamos con él y ascendiendo accedemos al mundo etéreo donde se producirá una representación en la que el sol lo inunda todo.

Comienza el capítulo con la visión de una puerta abierta en el cielo y más allá de ella escucha el profeta una voz semejante a una trompeta que lo invita a subir, a fin de mostrarle aquellas cosas que sucederán en un futuro. Juan accede y, en espíritu, observa un Trono en el cielo y en él un Ser está sentado

El lector debe advertir que esta visión y las que le siguen ocurren en lo etéreo, el cielo, por lo que están pendientes de tomar forma sólida, algo que empezará a ocurrir a partir del episodio 9 (año 2001), que es cuando las cosas observadas por Juan transcurren ya en la Tierra.

Prosigue el profeta y nos describe el aspecto del Ser sentado en el Trono, alrededor del cual hay un arco iris, símbolo de la alianza del cosmos con la Tierra de los moradores del cielo, tal como se nos dice en Génesis 9,16.

Junto al Trono aparecen 24 ancianos vestidos de blanco sentados en sus respectivos tronos, y portando otras 24 coronas de oro en sus testas. Se trata del perfecto gobierno de Dios sobre la dimensión terrestre; formado por la re-unión de los 12 masculinos y las 12 femeninas energías, realidades espirituales. De ahí que se les muestre ancianos (signo de sabiduría), con atuendos blancos (signo de pureza) y coronados como signo de legítima soberanía y autoridad. Del Trono central salen relámpagos, truenos y voces, que añaden majestad a la presencia del regente, delante del cual hay 7 lámparas de fuego, símbolo de los 7 Espíritus de Dios. Por derivación, estos espíritus son los atributos que conforman la idiosincrasia de los moradores del cielo, ya que el siete es el número de la plenitud.

Frente al Trono principal nos encontramos con un mar de vidrio, alrededor del cual, y rodeando al Trono, hallamos a 4 seres vivientes colmados de ojos por delante y por detrás. Estos 4 seres vivientes son la manifestación de los 24 ancianos anteriores, y no están limitados por los parámetros físicos, puesto que su visión es completa.

El primero de los seres vivientes es parecido a un león; el segundo a un becerro; el tercero se asemeja a un hombre, mientras que el cuarto es semejante a un águila en vuelo. Esta descripción está tomada del profeta Ezequiel. Cada uno de los seres sobresale con un atributo, representado en los animales nobles; el león como el más fuerte y rey de una creación (símbolo de fortaleza); el becerro como el más noble, que ofrece trabajar la tierra y entregar su materia como alimento (símbolo de nobleza); el hombre como el más inteligente, el receptáculo donde habitan las condiciones para hacer uso de la materia con nobleza y autoridad (símbolo de sabiduría), y el águila como el animal de más elevados vuelos, que expresa la esencia trascendental de toda creación (símbolo de la trascendencia).

Esto 4 seres de sorprendente apariencia tienen 6 alas cada uno (sumando un total de 24 alas que nos confirma la semejanza con los 24 ancianos), y no cesaban de alabar al Señor que está en el Trono central, ?el que era, el que es, y el que ha de venir?, nos dice el visionario.

Estamos siendo testigos de un acto de reconocimiento por parte de esos 4 seres hacia su Creador. Al tiempo que ese acto de adoración se lleva a cabo, los 24 ancianos también se postran ante el Ser del Trono, glorificándolo y echando las coronas a sus pies en reconocimiento de su supremacía.

 

CAPÍTULO 5- Año 1997.

La palabra que define este año es ?Hei?, la quinta letra del alfabeto hebreo. Simboliza el acercamiento a nuestro mundo desde el reino de lo etéreo, de un regalo, de un enlace entre ambas realidades: Juan ve junto al gran Trono un libro escrito por dentro y por fuera, cerrado con 7 sellos. El modo en que está escrito el libro nos indica que éste tiene al menos dos lecturas. Los sellos cerrarían la manifestación de la verdadera naturaleza profética hasta nuestros días. El número 7 revela que se trata de un libro que abarca desde el principio hasta el final, los siete días de la semana de la creación.

Un ángel pregona a grandes voces: ?¿Quién será digno de abrir el Libro y soltar sus sellos?? Nadie era digno de hacerlo, por lo que Juan se lamenta. Esto manifiesta que toda criatura terrestre está bajo el dominio de los Caídos, a excepción de los que se unen al cosmos espiritual.

Pero uno de los ancianos le dice al profeta: ?No llores, pues ha vencido el León de Judá, para abrir el libro y soltar sus 7 sellos?. Y apareció en medio de todos un Cordero que es el León de Judá, el Cristo.

En medio de Trono central y de los 4 seres vivientes y los 24 ancianos está el Cordero, que aparece inmolado (muerte de Jesús) y con 7 cuernos y 7 ojos, los cuales representan los 7 espíritus de Dios (y Diosa). Este Cristo-Cordero toma el libro de la mano derecha del Ser Supremo que está en el Trono, tras lo cual, los 4 seres vivientes y los 24 ancianos lo reverencian. El Cordero ha recibido la autoridad del Ser Supremo, y desatará los 7 sellos que guardan el libro. Los seres que adoran al Cordero hacen sonar arpas y tienen copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los moradores del cielo, que ruegan justicia. También entonan un cántico nuevo de agradecimiento y reconocimiento, pues el Cordero les redimió para Dios-a, positivando sus energías. A estos se le une la voz de millones y millones de seres angélicos. También alaban al Ser Supremo del Trono.

 

CAPÍTULO 6- Año 1998.

La palabra que define este año es ?Vav?, la sexta letra del alfabeto hebreo. Simboliza la conexión; veremos como el concilio celeste une sus propósitos con el destino del mundo terrestre. Por tanto, este capítulo actuará como un pilar que une ambos mundos, y nos invitará a contemplar un futuro inminente.

El Cordero, ya revestido de toda autoridad para ello, abrió el Primero de los Sellos del libro, a lo que uno de los 4 seres vivientes invita a Juan a acercarse y observar. Lo que se le muestra es un caballo blanco y sobre él un ser con un arco al que se le entrega una corona. Juan dice de este jinete que ?salió venciendo y para vencer?, lo que no es sino una alusión al propio Cristo, que triunfó hace 2000 años y volverá a triunfar en el tiempo de la justicia.

Así, el profeta nos está describiendo, todavía desde lo etéreo, a la justicia venidera, representada en el caballo blanco. La corona es imagen de soberanía, mientras el arco refleja la justicia certera y precisa, en contraposición de una acción indiscriminada que no distingue un objetivo, de un ?daño colateral?. Esta precisión será predominante en la acción posterior de los otros tres jinetes que ahora nos describirá.

El Cordero abrió el Segundo Sello y Juan escuchó del segundo ser viviente la misma invitación del anterior. Y apareció un segundo caballo, éste de color rojo bermejo, y al que lo montaba se le había dado una gran espada con el poder de quitar la paz, haciendo que los hombres se matasen entre sí. Este caballo bermejo refleja a la muerte y destrucción de la guerra, y aunque sólo está siendo descrito, cuando después se ponga en acción, dará a entender que la muerte de unos a otros está auspiciada desde lo alto.

Cuando el Tercer Sello fue abierto por el Cordero apareció un tercer caballo, de color negro, montado por un jinete que porta una balanza en su mano. Este caballo justiciero es ejecutor complementario de los otros anteriores, puesto que a Juan se le dice: ?Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario; pero el aceite y el vino, ni tocarlos.?

En la balanza de la justicia se colocan el ?trigo y la cebada?, pero no el ?aceite y el vino?. Los dos cereales actúan como imágenes de lo que nace de la tierra. Son imágenes de la terrenidad, frente al vino y el aceite que representan lo laboriosamente manofacturado, lo que ha sido trabajado, positivado, molido por las prensas de la trascendencia hasta convertirse en elementos puros que reflejan la materia transmutada por los moradores del cielo. Así, el aceite y el vino, ni tocarlos, pues son sagrados.

Juan se dispone a ver la apertura del Cuarto Sello, tras la cual aparece un cuarto caballo, éste de color amarillo, y ?el ser que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía?. A este jinete se le autorizó a matar con hambre, espada (entiéndase arma de cualquier clase) y con las fieras de la tierra. Su potestad es sobre la ?cuarta parte de la tierra?. ¼ parte de nuestro planeta es tierra firme y los ¾ restantes son mares.

En definitiva, los cuatro caballos son una misma esencia en cuatro diferentes imágenes, en las que se ha ido precisando y matizando su naturaleza y cometidos precisos. Así, tenemos cuatro caballos que se corresponden con sus respectivos sellos:

 

PRIMER SELLO = Caballo blanco y caballero con arco que venció y volverá a vencer.

 

SEGUNDO SELLO = Caballo rojo que porta un caballero con espada que anula la paz.

 

TERCER SELLO = Caballo negro al que monta un caballero que lleva balanza donde pesa las obras de los justos y de los anakim, anunciándole a estos últimos que serán correspondidos en sus actos.

 

CUARTO SELLO = Caballo amarillo y caballero que tiene por nombre Muerte.

 

Cuando se abrió el Quinto Sello, el profeta observó a las almas de los (moradores del cielo) que, perteneciendo a Dios, habían muerto y clamaban por la justicia celeste con estas palabras: ?¿Hasta cuándo, Señor, Santo y Verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra??. A esos moradores del cielo, hijos de Abel, se les dieron vestiduras blancas, símbolo de pureza, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus semejantes, que también habían de ser muertos como ellos. 

Se abre el Sexto Sello y hubo un gran terremoto, se ennegreció el sol y se enrojeció la luna. El sol ennegrecido nos evoca la acción del tercer caballo, el negro, el que portaba a un jinete con una balanza de justicia. Por otro lado, la luna enrojecida es una derivación del segundo caballo, el rojo, en cuya montura había un ser con espada que hizo que los hombres se enfrentasen y matasen entre sí. El recurso del terremoto es usado para intensificar el efecto de fragilidad de una tierra que será azotada por la justicia divina.

Sin embargo, conviene aclarar una vez más que estamos presenciando anuncios no consumados durante el tiempo en que son descritos, esto es, capítulo 6, año 1998; su realización no se llevará a cabo hasta más adelante.

La secuencia descrita en este capítulo se resume en: La soberanía del Señor del Trono en el Cordero, Cristo, propicia la apertura de los Seis Primeros Sellos, que son:

 

1) Anuncio de la justicia.

 

2) Anuncio de tiempos de guerra, como signo de la justicia.

 

3) Anuncio de que los efectos de la guerra afectarán a los anakim (trigo y cebada).

 

4) Anuncio de la llegada de los tiempos del terror (Abbadón).

 

5) Solicitud de paciencia a los no anakim hasta completada la obra.

 

6) Anuncio de la aplicación de la justicia sobre los anakim y su materia y el final de ésta.

 

En la siguiente entrega llegaremos al año 1999, capítulo 7 de Apocalipsis?

 

Una síntesis actualizada de lo mencionado en Sumario a Lucifer

 

Por  

 

 Tavo Jiménez de Armas

 

Si el lector retoma lo expuesto respecto de la profecía de Daniel y la unción-muerte del príncipe Rabin, recordará que nos situaba en el año judío 5756, o sea, 1995-1996, coincidiendo con el año asignado al capítulo 4?

 

 

CAPÍTULO 4- Año 1996.

Es posible que Juan quisiera de forma premeditada que cada una de las divisiones que conforman el conjunto de sus visiones proféticas, fuese identificada con su correspondiente en el alfabeto hebreo. Veamos:

La palabra que define este año es ?Daleth?, la cuarta letra del alfabeto hebreo. Simboliza la puerta; Juan la atraviesa. Nosotros vamos con él y ascendiendo accedemos al mundo etéreo donde se producirá una representación en la que el sol lo inunda todo.

Comienza el capítulo con la visión de una puerta abierta en el cielo y más allá de ella escucha el profeta una voz semejante a una trompeta que lo invita a subir, a fin de mostrarle aquellas cosas que sucederán en un futuro. Juan accede y, en espíritu, observa un Trono en el cielo y en él un Ser está sentado.

El lector debe advertir que esta visión y las que le siguen ocurren en lo etéreo, el cielo, por lo que están pendientes de tomar forma sólida, algo que empezará a ocurrir a partir del episodio 9 (año 2001), que es cuando las cosas observadas por Juan transcurren ya en la Tierra.

Prosigue el profeta y nos describe el aspecto del Ser sentado en el Trono, alrededor del cual hay un arco iris, símbolo de la alianza del cosmos con la Tierra de los moradores del cielo, tal como se nos dice en Génesis 9,16.

Junto al Trono aparecen 24 ancianos vestidos de blanco sentados en sus respectivos tronos, y portando otras 24 coronas de oro en sus testas. Se trata del perfecto gobierno de Dios sobre la dimensión terrestre; formado por la re-unión de los 12 masculinos y las 12 femeninas energías, realidades espirituales. De ahí que se les muestre ancianos (signo de sabiduría), con atuendos blancos (signo de pureza) y coronados como signo de legítima soberanía y autoridad. Del Trono central salen relámpagos, truenos y voces, que añaden majestad a la presencia del regente, delante del cual hay 7 lámparas de fuego, símbolo de los 7 Espíritus de Dios. Por derivación, estos espíritus son los atributos que conforman la idiosincrasia de los moradores del cielo, ya que el siete es el número de la plenitud.

Frente al Trono principal nos encontramos con un mar de vidrio, alrededor del cual, y rodeando al Trono, hallamos a 4 seres vivientes colmados de ojos por delante y por detrás. Estos 4 seres vivientes son la manifestación de los 24 ancianos anteriores, y no están limitados por los parámetros físicos, puesto que su visión es completa.

El primero de los seres vivientes es parecido a un león; el segundo a un becerro; el tercero se asemeja a un hombre, mientras que el cuarto es semejante a un águila en vuelo. Esta descripción está tomada del profeta Ezequiel. Cada uno de los seres sobresale con un atributo, representado en los animales nobles; el león como el más fuerte y rey de una creación (símbolo de fortaleza); el becerro como el más noble, que ofrece trabajar la tierra y entregar su materia como alimento (símbolo de nobleza); el hombre como el más inteligente, el receptáculo donde habitan las condiciones para hacer uso de la materia con nobleza y autoridad (símbolo de sabiduría), y el águila como el animal de más elevados vuelos, que expresa la esencia trascendental de toda creación (símbolo de la trascendencia).

Esto 4 seres de sorprendente apariencia tienen 6 alas cada uno (sumando un total de 24 alas que nos confirma la semejanza con los 24 ancianos), y no cesaban de alabar al Señor que está en el Trono central, ?el que era, el que es, y el que ha de venir?, nos dice el visionario.

Estamos siendo testigos de un acto de reconocimiento por parte de esos 4 seres hacia su Creador. Al tiempo que ese acto de adoración se lleva a cabo, los 24 ancianos también se postran ante el Ser del Trono, glorificándolo y echando las coronas a sus pies en reconocimiento de su supremacía.

 

CAPÍTULO 5- Año 1997.

La palabra que define este año es ?Hei?, la quinta letra del alfabeto hebreo. Simboliza el acercamiento a nuestro mundo desde el reino de lo etéreo, de un regalo, de un enlace entre ambas realidades: Juan ve junto al gran Trono un libro escrito por dentro y por fuera, cerrado con 7 sellos. El modo en que está escrito el libro nos indica que éste tiene al menos dos lecturas. Los sellos cerrarían la manifestación de la verdadera naturaleza profética hasta nuestros días. El número 7 revela que se trata de un libro que abarca desde el principio hasta el final, los siete días de la semana de la creación.

Un ángel pregona a grandes voces: ?¿Quién será digno de abrir el Libro y soltar sus sellos?? Nadie era digno de hacerlo, por lo que Juan se lamenta. Esto manifiesta que toda criatura terrestre está bajo el dominio de los Caídos, a excepción de los que se unen al cosmos espiritual.

Pero uno de los ancianos le dice al profeta: ?No llores, pues ha vencido el León de Judá, para abrir el libro y soltar sus 7 sellos?. Y apareció en medio de todos un Cordero que es el León de Judá, el Cristo.

En medio de Trono central y de los 4 seres vivientes y los 24 ancianos está el Cordero, que aparece inmolado (muerte de Jesús) y con 7 cuernos y 7 ojos, los cuales representan los 7 espíritus de Dios (y Diosa). Este Cristo-Cordero toma el libro de la mano derecha del Ser Supremo que está en el Trono, tras lo cual, los 4 seres vivientes y los 24 ancianos lo reverencian. El Cordero ha recibido la autoridad del Ser Supremo, y desatará los 7 sellos que guardan el libro. Los seres que adoran al Cordero hacen sonar arpas y tienen copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los moradores del cielo, que ruegan justicia. También entonan un cántico nuevo de agradecimiento y reconocimiento, pues el Cordero les redimió para Dios-a, positivando sus energías. A estos se le une la voz de millones y millones de seres angélicos. También alaban al Ser Supremo del Trono.

 

CAPÍTULO 6- Año 1998.

La palabra que define este año es ?Vav?, la sexta letra del alfabeto hebreo. Simboliza la conexión; veremos como el concilio celeste une sus propósitos con el destino del mundo terrestre. Por tanto, este capítulo actuará como un pilar que une ambos mundos, y nos invitará a contemplar un futuro inminente.

El Cordero, ya revestido de toda autoridad para ello, abrió el Primero de los Sellos del libro, a lo que uno de los 4 seres vivientes invita a Juan a acercarse y observar. Lo que se le muestra es un caballo blanco y sobre él un ser con un arco al que se le entrega una corona. Juan dice de este jinete que ?salió venciendo y para vencer?, lo que no es sino una alusión al propio Cristo, que triunfó hace 2000 años y volverá a triunfar en el tiempo de la justicia.

Así, el profeta nos está describiendo, todavía desde lo etéreo, a la justicia venidera, representada en el caballo blanco. La corona es imagen de soberanía, mientras el arco refleja la justicia certera y precisa, en contraposición de una acción indiscriminada que no distingue un objetivo, de un ?daño colateral?. Esta precisión será predominante en la acción posterior de los otros tres jinetes que ahora nos describirá.

El Cordero abrió el Segundo Sello y Juan escuchó del segundo ser viviente la misma invitación del anterior. Y apareció un segundo caballo, éste de color rojo bermejo, y al que lo montaba se le había dado una gran espada con el poder de quitar la paz, haciendo que los hombres se matasen entre sí. Este caballo bermejo refleja a la muerte y destrucción de la guerra, y aunque sólo está siendo descrito, cuando después se ponga en acción, dará a entender que la muerte de unos a otros está auspiciada desde lo alto.

Cuando el Tercer Sello fue abierto por el Cordero apareció un tercer caballo, de color negro, montado por un jinete que porta una balanza en su mano. Este caballo justiciero es ejecutor complementario de los otros anteriores, puesto que a Juan se le dice: ?Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario; pero el aceite y el vino, ni tocarlos.?

En la balanza de la justicia se colocan el ?trigo y la cebada?, pero no el ?aceite y el vino?. Los dos cereales actúan como imágenes de lo que nace de la tierra. Son imágenes de la terrenidad, frente al vino y el aceite que representan lo laboriosamente manofacturado, lo que ha sido trabajado, positivado, molido por las prensas de la trascendencia hasta convertirse en elementos puros que reflejan la materia transmutada por los moradores del cielo. Así, el aceite y el vino, ni tocarlos, pues son sagrados.

Juan se dispone a ver la apertura del Cuarto Sello, tras la cual aparece un cuarto caballo, éste de color amarillo, y ?el ser que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía?. A este jinete se le autorizó a matar con hambre, espada (entiéndase arma de cualquier clase) y con las fieras de la tierra. Su potestad es sobre la ?cuarta parte de la tierra?. ¼ parte de nuestro planeta es tierra firme y los ¾ restantes son mares.

En definitiva, los cuatro caballos son una misma esencia en cuatro diferentes imágenes, en las que se ha ido precisando y matizando su naturaleza y cometidos precisos. Así, tenemos cuatro caballos que se corresponden con sus respectivos sellos:

 

PRIMER SELLO = Caballo blanco y caballero con arco que venció y volverá a vencer.

 

SEGUNDO SELLO = Caballo rojo que porta un caballero con espada que anula la paz.

 

TERCER SELLO = Caballo negro al que monta un caballero que lleva balanza donde pesa las obras de los justos y de los anakim, anunciándole a estos últimos que serán correspondidos en sus actos.

 

CUARTO SELLO = Caballo amarillo y caballero que tiene por nombre Muerte.

 

Cuando se abrió el Quinto Sello, el profeta observó a las almas de los (moradores del cielo) que, perteneciendo a Dios, habían muerto y clamaban por la justicia celeste con estas palabras: ?¿Hasta cuándo, Señor, Santo y Verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra??. A esos moradores del cielo, hijos de Abel, se les dieron vestiduras blancas, símbolo de pureza, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus semejantes, que también habían de ser muertos como ellos. 

Se abre el Sexto Sello y hubo un gran terremoto, se ennegreció el sol y se enrojeció la luna. El sol ennegrecido nos evoca la acción del tercer caballo, el negro, el que portaba a un jinete con una balanza de justicia. Por otro lado, la luna enrojecida es una derivación del segundo caballo, el rojo, en cuya montura había un ser con espada que hizo que los hombres se enfrentasen y matasen entre sí. El recurso del terremoto es usado para intensificar el efecto de fragilidad de una tierra que será azotada por la justicia divina.

Sin embargo, conviene aclarar una vez más que estamos presenciando anuncios no consumados durante el tiempo en que son descritos, esto es, capítulo 6, año 1998; su realización no se llevará a cabo hasta más adelante.

La secuencia descrita en este capítulo se resume en: La soberanía del Señor del Trono en el Cordero, Cristo, propicia la apertura de los Seis Primeros Sellos, que son:

 

1) Anuncio de la justicia.

 

2) Anuncio de tiempos de guerra, como signo de la justicia.

 

3) Anuncio de que los efectos de la guerra afectarán a los anakim (trigo y cebada).

 

4) Anuncio de la llegada de los tiempos del terror (Abbadón).

 

5) Solicitud de paciencia a los no anakim hasta completada la obra.

 

6) Anuncio de la aplicación de la justicia sobre los anakim y su materia y el final de ésta.

 

En la siguiente entrega llegaremos al año 1999, capítulo 7 de Apocalipsis?




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